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COLAB-LIFE | Lejos de casa, al servicio de Cristo

COLAB-LIFE | Lejos de casa, al servicio de Cristo

En el mes de julio, Leonardo Arzamendi, Alonso Sánchez y Pablo Sada volvieron a sus hogares después de una enriquecedora experiencia como “colaboradores” en nuestro país. Fue un año de crecimiento personal, espiritual y apostólico para cada uno de ellos y una decisión de servir a tiempo completo a Cristo y a los demás. Pero, ¿qué motivó a estos tres jóvenes a entregar un periodo de su vida en Chile? ¿Cómo impactó en ellos su sí a Dios? ¿Cuál es su mensaje para otros jóvenes que tienen la inquietud de transformarse en colaboradores?

Leonardo Arzamendi, mexicano de 20 años de edad, es ex alumno del Colegio Cumbres de Cuernavaca y este año ingresa a estudiar Ingeniería Industrial a la Universidad Anáhuac del Norte. Desde agosto de 2018 colaboró en los colegios Highlands y Santa María de Guadalupe en ECyD y Reino con alumnos de 5° básico a IV° medio.

¿Qué te motivó a dar parte de tu tiempo colaborando con el RC en otro país?

Una de las razones por las cuales yo decidí ser colaborador fue para corresponder con un año de mi vida todo lo que he recibido de Dios y para poder ayudar a que más jóvenes se encuentren con Cristo de la forma que yo lo he hecho en el Regnum Christi. El amor que nos tiene Dios es muy grande y es un fuego que te quema y que hay transmitirlo y compartirlo a más personas”.

¿Qué es lo que más te gustó de esta experiencia colaborando en Chile?

Una de las cosas que más me gustó fue darme cuenta que esta familia espiritual y apostólica en Chile es mucho más grande de lo que yo podía imaginarme. Que en todos lados existe ese amor por Dios y ese fuego que sentimos como parte del Regnum Christi. Es algo que todos compartimos y cuando lo vivimos juntos se puede potenciar muchísimo más”.

¿Cómo creciste personal y espiritualmente con esta experiencia en nuestro país?

Esta experiencia de colaborador me ayudó espiritualmente a darme cuenta que el amor de Dios está presente en cada día y en los pequeños detalles. En cuanto al crecimiento personal, me dio madurez, me hizo más responsable, me conocí más en profundidad y superé ciertas limitaciones que fui encontrando en el camino cuando uno se pone al servicio de los demás”.

¿Cuál sería tu mensaje a otros jóvenes para que se sumaran a esta experiencia de colaboración?

Yo le diría a cualquiera que tenga dudas de ser colaborador que no tenga miedo de decirle que sí a Dios porque Él nunca se deja ganar en generosidad. Ya nos lo dijo una vez, te daré el 101% en esta vida y en la vida eterna. La felicidad que uno recibe cuando le dice que sí al plan de Dios de amarlo, seguirlo y servir a los demás es inexplicable”.

Alonso Sánchez, español de 19 años de edad, es ex alumno del Colegio Licenciados Reunidos y este año ingresa a estudiar Psicología a la Universidad Francisco de Vitoria. Desde el 17 de enero de 2019 colaboró en los colegios San Isidro y La Cruz en ECyD y Reino con alumnos de 5° básico a IV° medio.

¿Qué te motivo a dar parte de tu tiempo colaborando con el RC en otro país?

Yo creo que lo que me animó a dar este paso fue que era una experiencia totalmente desconocido para mí. Era jugársela por Dios y eso fue lo que me ayudó a decidirme. Cuando estuve en África me di cuenta de que con pequeños gestos o cosas podemos cambiar el día o incluso la vida de una persona y que yo era mucho más feliz cuando me entregaba a los demás que cuando solo pensaba en mí mismo”.

¿Qué es lo que más te gustó de esta experiencia colaborando en Chile?

Lo que más me gustó de esta experiencia fue el poder encontrarme con Dios a través de los demás y poder compartirlo con ellos. Es increíble poder vivir al servicio de Dios y poder dedicarme a tiempo completo a su servicio. No verlo como un trabajo sino que verlo como un apostolado que le da sentido a mi vida”.

¿Cómo creciste personal y espiritualmente con esta experiencia en nuestro país?

A nivel personal fue un reto porque fue un cambio de vida radical. Cambié de vivir en mi casa con las personas que he vivido desde siempre, que me conocen y con un estilo de vida donde me he criado y que no conozco otro, a vivir, en mí caso, seis meses con una comunidad de sacerdotes en Valencia y luego otros seis meses en Chile con una comunidad de consagrados. Te tienes que adaptar a un estilo de vida muy sacrificado en muchos aspectos, pero muy reconfortante, porque vives para Dios y para los demás. Uno también crece en aspectos como el orden, la puntualidad y la constancia y el entregarse en cuerpo y alma para que salga el trabajo bien hecho. Y a nivel espiritual fue una experiencia increíble. Antes de venir pensé que sería un año de santidad, donde iba a estar tocando el cielo y ha sido un año de experimentar mi miseria y mis limitaciones, de descubrirlas y de conocerme a mí mismo, pero también de experimentar la misericordia de Dios, de una manera en que me dijo “conmigo puedes cambiar el mundo”. Es ver que Dios nos ama con nuestras virtudes y nuestras miserias, pero que quiere sacar la mejor versión de nosotros mismos”.

¿Cuál sería tu mensaje a otros jóvenes para que se sumaran a esta experiencia de colaboración?

El año de colaborador es un regalo increíble que te cambia la vida, que te dignifica por completo, y que es un regalo tan bonito que viene de Dios quien es quien te conoce mejor. Las personas que nos quieren nos harían un regalo muy acorde a nosotros, pues Dios te está haciendo un regalo en el que Él te va guiando, te va acompañando y te va haciendo feliz. No tengan miedo a decir que sí, porque lo que está juego no es un año de sus vidas. No lo pierdes, lo ganas con creces. Lo que está en juego es tu felicidad que a través de un sí puede hacerlos plenamente felices a ustedes y a muchísima gente”.

Pablo Sada, español de 23 años, es ex alumno del Colegio Everest de Madrid y es egresado de Ingeniería Comercial de la Universidad Francisco de Vitoria. Desde el 24 de agosto de 2018 colaboró en el Colegio Everest y Reino La Dehesa con alumnos de II° medio y universitarios.

¿Qué te motivo a dar parte de tu tiempo colaborando con el RC en otro país?

Considero que fue mucho más iniciativa de Dios que iniciativa mía. La idea de venir de colaborador siempre fue muy atractiva, porque dar un año me parecía algo muy noble, pero lo tenía completamente descartado de mi vida. Yo iba a empezar a trabajar en cuanto terminara la universidad y fue más bien dejarme llevar por el impulso de Dios que permitió que se dieran una serie de circunstancias. Lo vi tan fácil y evidente que me vine casi por inercia y es por eso que le atribuyo toda la iniciativa a Dios”.

¿Qué es lo que más te gustó de esta experiencia colaborando en Chile?

Es muy complicado elegir algo concreto que destacar que me hizo feliz y que disfruté, pero sí puedo decir que este año hice una experiencia de felicidad muy distinta a la que he hecho el resto de mi vida. Este año me dio la posibilidad de vivir de una manera muy libre. Aunque puede sonar paradójico porque yo no tenía libertad sobre mi tiempo o sobre mis planes, y por tanto, podía parecer que yo estaba cuartado u obligado a actuar de determinada manera. Utilicé esas herramientas para sentirme realmente libre y que estaba optando por Dios, y eso me ha hecho muy muy feliz. Esa es una felicidad muy plena, muy verdadera y muy profunda. Le doy gracias a este año que me sorprendió sobre todo en eso, en lo que pensé que más me iba a costar, que era renunciar a mis planes o a mi tiempo, en eso encontré la mayor libertad y felicidad”.

¿Cómo creciste personal y espiritualmente con esta experiencia en nuestro país?

Me gustaría que esa pregunta la contestara otro por mí. No es fácil determinar hasta qué punto crecí, mejoré o fui mejor persona. Si en algo creo que crecí o avancé, con toda humildad, fue en darme cuenta que la vida no es para mí, que la vida es para los demás y que la vida está para darla. He podido aprender eso en base a vivirlo. Me di cuenta que la verdadera felicidad no está en mis preocupaciones, en mis planes o en mis proyectos, sino que está en que Dios sea el protagonista en todos esos anhelos e ilusiones que tengo para mi vida. Y no es que mi vida no me importe, y que por tanto yo estoy esperando que sucedan las cosas de brazos cruzados, todo lo contrario, y en eso es en donde aprendí y más caminé, a vivir en esa libertad que hablaba antes, pensando y buscando únicamente lo que Dios quiere para mí, y en eso creo que Dios me regaló tanto que no podía hacer otra cosa que aprender un poco. Le doy todo el mérito y la iniciativa a Dios porque se desbordó conmigo”.

¿Cuál sería tu mensaje a otros jóvenes para que se sumaran a esta experiencia de colaboración?

Les diría que la vida solo merece la pena si se busca sentido. Si la vida no tiene sentido creo que no merece la pena vivirla. Y por tanto creo que toda una vida debe estar centrada en buscar ese sentido. Y en mi caso creo que ese sentido tiene que ver con Dios y que Dios da el sentido porque es el sentido. No hace falta ser católico para buscar el sentido, ni hace falta ser colaborador del Regnum Christi para buscar el sentido. Evidentemente si recomendaría esta experiencia de colaboración, pero lo que más recomiendo y lo que más le insisto a los jóvenes es a que no se cansen, a que no tiren la toalla, que busquen, que no se conformen con lo que nos ofrece el mundo, porque eso no nos llena del todo, no nos hace plenos, y que la vida está en darla, y es lo dice Jesús en el Evangelio: el que da su vida la encuentra, el que pierde su vida la encontrará. Este año solo encontré riquezas, crecimiento y aprendizaje. Creo que los laicos estamos llamados por Dios a la heroicidad de buscarle a Él, y de darnos a los demás, y de nunca conformarnos y de siempre buscar sentido. Si esa vida es así, si esa búsqueda es activa constantemente, la vida es maravillosa”.