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Home PEREGRINACIÓN | Recorriendo los orígenes de la fe en Tierra Santa

PEREGRINACIÓN | Recorriendo los orígenes de la fe en Tierra Santa

PEREGRINACIÓN | Recorriendo los orígenes de la fe en Tierra Santa

En Tierra Santa cerca de 20 jóvenes vivieron una experiencia de fe transformadora en el ámbito personal, humano y espiritual. Fue un viaje para seguir los pasos del ministerio de Jesús y para encontrarse con el rostro de Cristo en los más necesitados a través de un voluntariado junto a la ONG Youth Wake Up. Algunos de estos peregrinos sin fronteras nos relatan su encuentro con un Dios más presente y más cercano que nunca.

Benjamín Gutiérrez – Ex Alumno Colegio Cumbres

Es difícil encontrar las palabras para poner por escrito lo que fue este mes en Tierra Santa. Haber podido estar donde Jesús de Nazaret estuvo y ver los lugares que Él vio fue una experiencia muy especial. Nuestro recorrido fue un seguimiento literal de las huellas de Cristo: comenzamos en Belén y terminamos en Jerusalén, pasando por Nazaret y Galilea. En la ciudad de la Natividad del Señor tuvimos unos días en que pudimos ver el reflejo del amor y la humildad del niño Jesús en un grupo de personas que optaron por darse al servicio desinteresado del próximo. En las orillas del Mar de Galilea fuimos observando con claridad cómo los Evangelios adquirían color y vida. Y en Jerusalén contemplamos con mayor detención el misterio de la Pasión y la Resurrección. Personalmente, mi oración en el Calvario a los pies de la cruz de Cristo fue un momento de íntima comunión con Aquel que nos invita a negarnos a nosotros mismos, a cargar con nuestras cruces y a seguirlo, ya que “el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará” (Mt 16, 24-25). No obstante lo anterior, esta peregrinación fue y será única e irrepetible por las personas que tuvimos el privilegio enorme de participar de ella. Quienes éramos un grupo diverso de peregrinos desconocidos al comienzo, terminamos siendo una familia de grandes amigos al final. Conscientes de lo que vimos y experimentamos, sabemos que nos tenemos para siempre los unos a los otros para crecer en nuestra fe y ser verdaderos apóstoles de Jesucristo en este mundo”.

Jacinta De Andraca – Ex Alumna Colegio Everest

¿Cuál fue tu experiencia más fuerte del viaje? ¿Qué fue lo que más te marcó o llegó? ¿Qué es lo que más echas de menos? Estas son algunas de las preguntas con las que me encuentro volviendo a la realidad después del viaje a Tierra Santa, las cuales son difíciles de responder ya que fueron muchos loas ámbitos que me marcaron y fueron muchas las experiencias vividas. Personalmente lo que más hecho de menos y más me marcó es la felicidad y el asombro que vivía día a día. Tuve la suerte de conocer a grandes personas en el proyecto de Youth Wake Up y poder compartir con niños y adultos con discapacidad que eran pura alegría y esperanza. Gracias a los ellos me di cuenta de la importancia de asombrarme por las cosas chicas, de disfrutar la vida con cosas pequeñas y de dejar de pensar en mi y ponerme al servicio de ellos al 100%. A lo largo del viaje tuve en contacto con diferentes culturas que pude vivenciar, siendo la que más me marcó el conflicto palestino israelí, todos los días me iba acostar y pensaba en lo impactada que podía llegar a estar por darme cuenta de que no estaba viviendo una película, sino que era real la situación que se vivía, ver un muro entre palestina e israel que estaba activo, experimentar la escasez de agua que existe en palestina. gracias al viaje pude despertar y darme cuenta que realmente tenemos que estar agradecidos de la vida, de todo lo que nos rodea, tener una familia, poder ducharme con agua caliente, tener una casa, poder caminar libremente por la calle sin ningún miedo. Hay que estar siempre agradecidos de los beneficio que tenemos porque es verdad, no es un mito, qué hay personas sin agua, que vice con miedo, niños con dificultades sin familia porque son abandonados.

Sofía Covarrubias – Ex Alumna Colegio Los Alerces

¿Qué fue para mi Tierra Santa? Es muy difícil de explicar por medio de palabras porque no es solo una experiencia, es conocer, es vivir, es una sensación que transforma, una forma de ver la vida. Siempre tuve ganas de conocer Tierra Santa porque encontraba que es un regalo enorme, que solo nuestra religión tiene, la posibilidad de poder estar donde Dios mismo estuvo. Nuestro Dios a quien le rezamos cada día, estuvo acá en este planeta, y ¿cómo no tocar lo que él tocó? ¿O ver lo que él miro? ¿O caminar por donde el camino? Esto es un regalo enorme, pero nunca pensé ni era capaz de imaginar lo que me podría llegar a provocar el hecho de haber estado ahí. Es un lugar donde sin importar con la actitud que uno vaya, penetra igual. La presencia de Dios es tan viva que Él se muestra tal cual es, todo concepto de Dios que nos hayamos formado alguna vez acá se destruye, acá Dios es quien es realmente y uno solo debe contemplar su grandeza. Es realmente un misterio lo que sucede allá, pero creo que cualquier persona con sed de Dios, tenga el tipo de fe que tenga, debe vivir esa experiencia viva de Dios y de sanación espiritual y corporal”.

Catalina Icaza – Ex Alumna Colegio Santa Úrsula

Me resulta difícil resumir en unas cuantas líneas lo que significó para mí la peregrinación a Tierra Santa. Podría escribir un libreto entero, y aun así las palabras no alcanzarían para expresarlo todo. Partimos en Belén con un voluntariado. La rutina era muy intensa, pero cada segundo valió la pena. Bañar a niños discapacitados, conversar con abuelos ya casi solos en la vida o tomar la mano a un adulto internado en un psiquiátrico fueron los primeros pasos que me permitieron tener un acercamiento con Dios. Después de esta experiencia que vivimos con Youth Wake Up, partió la peregrinación. Fuimos a Nazaret, hicimos el “Jesus Trail”, recorrimos Galilea y terminamos en Jerusalén. Cada minuto del día lo vivimos acompañados por Dios, realmente Él nos tocó a cada uno de nosotros durante la peregrinación de distinta manera. Al mismo tiempo, mientras los días pasaban, la espiritualidad y confianza del grupo aumentaban considerablemente. No solo porque tuvimos que compartir baños o dormir juntos en una granja ecológica, sino porque todos compartíamos una misma sed de Dios. Lo necesitábamos: algunos más, otros menos; pero todos queríamos sentirlo y encontrarlo. Nunca olvidaré esta peregrinación. La mejor experiencia de mi vida”.

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