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Home FRANCISCO EN CHILE | El Papa de la familia y la nueva evangelización

FRANCISCO EN CHILE | El Papa de la familia y la nueva evangelización

El Papa Francisco en sus cerca de cinco años de papado presentó dos exhortaciones apostólicas, Evangelii gaudium y Amoris laetitia, que muchos consideran revolucionarias en los ámbitos de la evangelización y del amor en la familia. Estos documentos son más breves que las encíclicas papales, pero no por eso carecen de su misma fuerza apostólica. Generalmente se nutren de reflexiones, propuestas y sugerencias que nacen en los Sínodos de los Obispos que se realizan en la Santa Sede para abordar un tema relevante para la Iglesia Católica. 

El fin de la Segunda Guerra Mundial no solo significó un profundo cambio en la geopolítica internacional sino que propició el brote de una variedad de corrientes espirituales, pastorales y apostólicas en el seno de la Iglesia Católica. Estas distintas visiones quedaron expuestas durante la vigesimotercer asamblea ecuménica católica que se celebró a partir del año 1962 en la Santa Sede. El Concilio Vaticano II, que fue convocado por el Papa Juan XXIII en enero del año 1959, abordó temas como el desarrollo de la fe católica  y su organización en el nuevo escenario global, la renovación moral de la vida cristiana de los fieles, las necesidades y métodos de la disciplina eclesiástica en el mundo moderno y la interrelación de los católicos con las demás religiones. Sin embargo uno de los hechos más relevantes del Concilio Vaticano II sucedió durante su última sesión que se celebró el 15 de septiembre del año 1965. Ese día el Papa Pablo VI promulgó una ley particular llamada Apostolica sollicitudo que creó el Sínodo de los Obispos. Es un organismo que mantendría vivo el espíritu de colegialidad que nació de la experiencia conciliar y que asumiría la misión de aconsejar al Santo Padre en su gobierno de la Iglesia Universal.

El Sínodo de los Obispos es un órgano consultivo no deliberante, que no tiene la capacidad de legislar o de definir dogmas, pero que sí propone tareas concretas en áreas tan variadas como la fe, las costumbres, la disciplina eclesiástica o la acción de la Iglesia Católica. El Sumo Pontífice es quien convoca sus asambleas, que pueden ser ordinarias o extraordinarias, elige el tema principal a tratar, designa a la mayoría de sus miembros y preside o nombra al presidente del congreso sinodal. El fruto del trabajo, que se desarrolla en sesiones diarias durante un mes en el Vaticano, son actas que contienen propuestas, consultas y sugerencias que se presentan al Vicario de Cristo. Un tiempo después, el Papa publica, si lo ve necesario, una exhortación apostólica postsinodal, que es un documento oficial pero que no define doctrina, en donde recoge las indicaciones o conclusiones que considera conveniente compartir con todo el mundo. La exhortación apostólica, que puede ser presentada sin un sínodo episcopal que anteceda su publicación, es el tercer documento más importante que emana de la Santa Sede tras la Constitución Apostólica y la Encíclica papal.

El Papa Pio X publicó la primera exhortación apostólica de la historia el 4 de agosto del año 1908. Su Haerent animo estimuló a los sacerdotes a convertirse en personas santas -a través de las prácticas de piedad, la meditación y los retiros espirituales- como premisa indispensable para la acción apostólica. El Papa Benedicto XV escribió tres textos marcados por la Gran Guerra. La Ubi primum del año 1914 que emplazó a los católicos a trabajar por el restablecimiento de la paz en el mundo, su Allorché fummo chiamati del año 1915 que instó a los líderes de las naciones beligerantes europeas a deponer sus armas en pos de una paz duradera y una armónica convivencia en el continente y su Dès le debut del año 1917 que reiteró su neutralidad ante el conflicto, pidió que la fuerza bélica fuera sustituida por la fuerza del derecho moral, solicitó la reparación de los daños materiales y abogó por la restitución de los territorios invadidos. El Papa Pio XII en sus 17 años de pontificado escribió siete documentos sobre la Segunda Guerra Mundial, el clero indígena, la comunión con las iglesias orientales, la santidad en la vida sacerdotal y la creación y distribución de películas en el mundo del cine.

El esfuerzo renovador del Papa Juan XXIII cambió el rostro del catolicismo con la convocatoria del Concilio Vaticano II. Este encuentro ecuménico mundial marcó dos de sus tres exhortaciones apostólicas. Estas fueron su Sacrae laudis del año 1962 sobre la oración y su Novem per dies del año 1963 sobre el Espíritu Santo. El Papa Pablo VI continuó con las sesiones conciliares hasta su conclusión en el año 1965. Cinco de sus catorce exhortaciones apostólicas comentaron diversas instancias del Concilio Vaticano II. Sus documentos apostólicos restantes abordaron temas como el rezo del Santo Rosario, la unión de los cristianos, la figura de la Virgen María, la renovación de la vida religiosa, la evangelización en la época contemporánea y el rol de los católicos en Tierra Santa. El Papa Juan Pablo II escribió quince exhortaciones apostólicas durante sus 27 años de pontificado sobre diversos temas como la catequesis, la misión de los cristianos, la vocación y la misión de los laicos, el misterio de la redención y de la reconciliación, la formación de los sacerdotes, la relevancia de la vida consagrada y las diferentes iglesias católicas de los cinco continentes.

El Papa Emérito Benedicto XVI publicó cuatro exhortaciones apostólicas postsinodales: su Sacramentum caritatis de 2007 sobre el valor de la eucaristía y su sentido; su Verbum domini de 2010 sobre la palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia Católica, su Africae munus de 2011 sobre la iglesia católica en el continente africano y su Ecclesia in Medio Oriente de 2012 sobre los católicos de diversos ritos que viven en los países del oriente medio. El Papa Francisco, publicó su primera exhortación apostólica postsinodal titulada Evangelii Gaudium o La Alegría del Evangelio el 26 de noviembre del año 2013. El Sumo Pontífice escribió el documento tras el cierre de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que se realizó en la Santa Sede del 7 al 28 de octubre del año 2012. Una reunión sinodal que abordó como tema principal la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana que actualmente enfrenta un fenómeno de secularización instalado en occidente; un aumento del fundamentalismo religioso en el medio oriente; una crisis migratoria; una creciente cultura de lo efímero e inmediato; y un cambiante escenario geopolítico mundial.

Un obra de orfebrería  

El periodista español, Juan Vicente Boo, expone que Evangelii Gaudium es un escrito papal redactado en un tono optimista pero sincero, sin miedo a reconocer fallos propios de los fieles y de los sacerdotes y presenta una Iglesia Católica más amistosa y a un Cristo más cercano. El autor del libro El Papa de la Alegría explica que es un trabajo de orfebrería que “nos hace reflexionar sobre nuestra vida, descubriendo la propia altivez o la indiferencia respecto a los demás. Nos invita a todos a salir al aire libre sin miedo a cometer algún error o sufrir algún descalabro. Nos invita a mirar con cariño a las demás personas y a ayudar a las que sufren. Nos anima a ser más flexibles. Nos propone un cambio de actitud. Nos plantea abandonar nuestras posturas altivas y condenatorias para adoptar el gesto comprensivo y afectuoso de Jesús. Y el Papa Francisco nos invita sobre todo a sonreír al anunciar el Evangelio de Jesucristo”. Es una exhortación apostólica que revela como el concepto de la nueva evangelización se relaciona con temas como la economía, la paz mundial, la justicia social, la familia, las comunidades católicas, el medio ambiente, el ecumenismo y el diálogo interreligioso.

Su introducción plantea al consumismo y al individualismo como problemas y riesgos de la sociedad actual. Luego establece que la comunicación de la experiencia de verdad y de belleza, la alegría de evangelizar y el deber y el derecho de todos a comunicar y recibir el anuncio del Evangelio son claves para arraigar y desarrollar el bien. El primer capítulo llamado La transformación misionera de la iglesia pide que todos los cristianos se reencuentren con Cristo porque la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. El Santo Padre insiste que “quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior y del asilamiento ya que con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. El Papa Francisco además invita a que las distintas comunidades católicas de los cinco continentes a que tomen una iniciativa apostólica y que salgan al encuentro de los demás con un deseo inagotable de compartir con ellos la palabra de Jesucristo. En ese sentido, el Sumo Pontífice advierte que prefiere “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”.

El segundo capítulo llamado En la crisis del compromiso comunitario aborda ciertos desafíos para la nueva evangelización como la exclusión que sufren los más débiles, una economía que solo hace fuerte a los poderosos y una cultura moderna en donde impera un relativismo moral que deforma la ética de las sociedades. El Papa Francisco afirma que “asistimos al debilitamiento del sentido del pecado personal y social” a raíz de una “mundanidad espiritual y una idolatría del dinero que debilita los vínculos entre los seres humanos y desnaturaliza los vínculos familiares”. Los agentes pastorales enfrentan dos tentaciones en este escenario: el encanto de un gnosticismo que propone “una fe encerrada en el subjetivismo y en donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos” y de un neopelagianismo “autorreferencial y prometeico” que tiene “un elitismo narcisista y autoritario que en lugar de evangelizar lo que hace es analizar y clasificar a los demás”. Es por este motivo que el Papa Francisco llama a un nuevo dinamismo misionero que no tema a realizar tareas apostólicas y sin miedo a la entrega generosa del tiempo personal para llevar la luz al mundo.

El tercer capítulo llamado El anuncio del Evangelio explica que todos los católicos como pueblo de Dios deben convertirse en discípulos misioneros y agentes evangelizadores en el mundo. El Sumo Pontífice recomienda alentar y fortalecer una “evangelización informada” que proclame el amor de Jesús a otros de una forma espontánea en conversaciones y acciones diarias. El Papa Francisco también habla sobre la homilía de los sacerdotes que “no puede ser un espectáculo entretenido sino que tiene que dar fervor y sentido a la celebración”. El Santo Padre pide que sean breves e invita a que se transmita el mensaje con el espíritu de amor que una madre tiene hacia su hijo. Sus claves para una buena homilía son preparar bien lo que se quiere decir, alimentarse de la palabra de Dios, personalizar la alocución, macerarla en lectura espiritual, oír al pueblo de Dios y cuidar los recursos pedagógicos. Al final insiste que la evangelización necesita un acompañamiento personal de los procesos de crecimiento, “escuchando, prestando una mirada respetuosa y llena de compasión, con paciencia y prudencia, despertando la confianza de quien es evangelizado, su apertura y su disposición para crecer”.

El cuarto capítulo llamado La dimensión social de la evangelización señala a la inequidad y la falta de justicia social como las raíces de los males sociales y propone “la inclusión social de los excluidos” por medio de un trabajo político a largo plazo y un diálogo social amplio en todo el mundo. En el quinto y último capítulo llamado Evangelizadores con espíritu retoma el tema del encuentro personal con Cristo. Éste es un sentimiento que arde en los corazones de los cristianos y que “es muy diferente de un conjunto de tareas vividas como una obligación pesada que simplemente se tolera, o se sobrelleva como algo que contradice las propias inclinaciones y deseos”. El Santo Padre manifiesta que es el fuego del Espíritu Santo el que contagia al ser humano con fervor, alegría, generosidad, audacia y amor y argumenta que “la misión es el corazón del pueblo cristiano, iluminado por el Espíritu Santo”. El Sumo Pontífice concluye su documento exponiendo que “con el Espíritu Santo en medio del pueblo siempre está María, porque ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización”.

La familia al centro de la evangelización

El Papa Francisco publicó su segunda exhortación apostólica postsinodal titulada Amoris laetitia o La Alegría del Amor el 8 de abril del año 2016. El Sumo Pontífice escribió el documento tras el cierre de dos sínodos de los obispos enfocados al rol de la familia en el mundo actual. El autor del libro El Papa de la Alegría, Juan Vicente Boo, asegura que “no se le había pasado por la cabeza a nadie convocar dos reuniones sinodales consecutivas sobre la familia y todavía menos con un nuevo sistema de trabajo que comenzó con una extensa encuesta en todas las diócesis para poder conocer la fotografía real de la familia con sus bellezas pero también con sus heridas, sus dificultades antiguas y sus patologías nuevas«. El periodista español agrega que “había que estudiar asuntos concretos del mundo real sin limitarse a repetir lo ya sabido. Francisco quería reservarse un margen de maniobra para escuchar un abanico amplio de datos, experiencias y opiniones. Por eso Invitó a todos -obispos, sacerdotes, teólogos y matrimonios- a hablar con valentía y a escuchar con humildad. Por este motivo el enriquecimiento fue mutuo e intenso a lo largo de las dos asambleas”.

El congreso sinodal de carácter extraordinario del año 2014 abordó situaciones familiares sociales y eclesiásticas como el incremento de las parejas de hecho, la situación de los divorciados casados una segunda vez, las uniones de personas del mismo sexo y su eventual adopción de hijos, los matrimonios interreligiosos, las familias monoparentales, el crecimiento de los vientres de alquiler y el debilitamiento o abandono de la fe en el sacramento del matrimonio y en la confesión. El congreso sinodal de carácter ordinario del año 2015 reflexionó sobre otros temas como la realidad de las familias en contextos socio-económicos difíciles y excluyentes, como enfrentar en la familia los procesos de inclusión en oposición a la llamada cultura del descarte de los niños y los ancianos y como cultivar relaciones afectivas en la familia para para procurar su estabilidad en la sociedad actual. El Santo Padre al concluir el segundo sínodo de obispos instó a los asistentes a defender “la importancia de la institución de la familia y del matrimonio entre un hombre y una mujer, fundado sobre la unidad y la indisolubilidad, y apreciarla como la base fundamental de la sociedad y de la vida humana”.

El documento aborda en su introducción la situación actual de las familias en la sociedad moderna; ciertas enseñanzas del catolicismo sobre el matrimonio, la familia y el amor; los caminos pastorales que orienten a la construcción de hogares sólidos y fecundos; la educación de los hijos en la fe católica; la misericordia y el discernimiento pastoral ante situaciones complejas presentes en la unión matrimonial y algunas líneas de espiritualidad familiar. El texto propone que “la misericordia estimule a las familias cristianas a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia”. El primer capítulo llamado A la luz de la palabra utiliza pasajes bíblicos de la liturgia nupcial para meditar sobre cómo la familia “no es un ideal abstracto sino un trabajo artesanal que se expresa con ternura”. El Sumo Pontífice manifiesta en el texto que la palabra de Dios “no se muestra como una secuencia de tesis abstractas, sino como una compañera de viaje también para las familias que están en crisis o en medio de algún dolor, y les muestra la meta del camino”.

El segundo capítulo llamado La realidad y los desafíos de la familia detalla hechos concretos que presentan un desafío o atentan en contra de los matrimonios y de las familias como la mentalidad antinatalista, el impacto de la biotecnología en el campo de la procreación, las ideologías de género y el individualismo exagerado de las personas. Estos hechos concretos y reales cooperan para no presentar “un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificialmente construido, lejano de la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales”. El tercer capítulo llamado La mirada puesta en Jesús: la vocación de la familia enseña algunos elementos esenciales de la enseñanza de la Iglesia Católica acerca del matrimonio y la familia como la indisolubilidad y sacramentalidad del vínculo matrimonial y su fin procreativo y de educación de los hijos. El Sumo Pontífice sin embargo aborda ciertos elementos positivos presentes en otras formas de unión distintas al matrimonio natural  al asegurar que “al mismo tiempo que la doctrina debe expresarse con claridad, hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición”.

El cuarto capítulo llamado El amor en el matrimonio ilustra el amor humano en términos concretos de la vida cristiana de los conyugues al describir desde sus emociones positivas o negativas hasta la dimensión erótica de su amor. El Papa Francisco profundiza en la transformación de ese amor asegurando que “no podemos prometernos tener los mismos sentimientos durante toda la vida. En cambio, sí podemos tener un proyecto común estable, comprometernos a amarnos y a vivir unidos hasta que la muerte nos separe, y vivir siempre una rica intimidad”. El quinto capítulo llamado El amor se vuelve fecundo habla de manera profunda sobre la acogida de una vida nueva, la espera propia del embarazo, del amor de madre y de padre y de la fecundidad ampliada del proceso de adopción. El texto llama a las familias a promover una “cultura del encuentro” en donde convoquen a toda la familia en el sentido amplio de la palabra. En este sentido, el documento no solo toma en consideración la familia mononuclear como amplia red de relaciones sino que más bien afirma que la misma mística del sacramento del matrimonio tiene un profundo carácter social.

El sexto capítulo llamado Algunas perspectivas pastorales describe vías pastorales que orientan para construir familias sólidas y fecundas de acuerdo al plan de Dios. El texto confirma que las familias son sujeto y no solamente objeto de evangelización. El Papa Francisco también comenta temas como la preparación, el acompañamiento y las crisis de los matrimonios, la situación de las parejas católicas separadas o divorciadas y la realidad de las uniones mixtas debido a culto o tendencia sexual. El séptimo capítulo llamado Reforzar la educación de los hijos aborda el contexto educativo de la vida familiar entorno a temas vinculados a la formación ética, sexual y espiritual de los hijos. El Papa Francisco sin embargo advierte que “no se puede tener un control de todas las situaciones por las que podría llegar a pasar un hijo. Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo educará, no lo fortalecerá y no lo preparará para enfrentar sus desafíos. Lo que interesa es generar en el hijo procesos de maduración de su libertad, de capacitación, de crecimiento integral y de cultivo de la auténtica autonomía”.

El octavo capítulo llamado Acompañar, discernir e integrar la fragilidad invita a acompañar, discernir e integrar pastoralmente a las familias en situaciones de fragilidad, complejas o irregulares dentro de la Iglesia Católica. El Papa Francisco invita “a los fieles que están viviendo situaciones complejas, a que se acerquen con confianza a conversar con sus pastores o con laicos que viven entregados al Señor. No siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz que les permita comprender mejor lo que les sucede y podrán descubrir un camino de maduración personal. E invito a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia”. En este sentido concluye que más importante que “una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así prevenir sus rupturas”. El último capítulo llamado Espiritualidad conyugal y familiar relata la importancia de la oración, del amor exclusivo, de los proyectos comunes y del cuidado, de la consolación y el estímulo pastoral en el matrimonio y la familia.

En el próximo capítulo conoceremos los detalles de las visitas apostólicas del Papa Francisco a cuatro de los cinco continentes. En total son 21 viajes fuera de la Santa Sede en donde el Sumo Pontífice desplegó no solo su fuerza apostólica como Vicario de Cristo sino que también toda su cercanía como líder político, social y espiritual de nuestros tiempos.