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FRANCISCO EN CHILE | El Papa de las cuatro manos

FRANCISCO EN CHILE | El Papa de las cuatro manos

Sus mensajes marcan un camino a seguir para una época particular en la historia de la humanidad. Sus contenidos enseñan a los fieles católicos sobre temas profundos como la espiritualidad o el apostolado en la Iglesia Católica. Sus reflexiones atienden ámbitos terrenales como la política, la economía, la sociedad, la cultura o el medio ambiente. Las encíclicas papales son un norte al cual apuntar la brújula moral del mundo. Tras la Constitución Apostólica, son los escritos más importantes emanados desde la Santa Sede y en los últimos 117 años de catolicismo más de 130 documentos se redactaron por nueve Sumos Pontífices. El Papa Francisco en sus cerca de cinco años de papado presentó dos: Lumen fidei que trata sobre la fe y Laudato si que versa sobre el cuidado de nuestra casa común que es el planeta Tierra.

Las encíclicas papales de la Iglesia Católica derivan de la correspondencia eclesiástica que los primeros obispos del catolicismo enviaron a las distintas comunidades de la cristiandad antigua extendidas a lo largo del mundo conocido para asegurar la unidad en la doctrina y en la vida eclesial. Su nombre proviene de la expresión “Literae encyclicea” o “cartas circulares”. Estos escritos son redactados en latín y su título proviene de las primeras palabras con que empieza el documento. El Papa Pablo VI definió que son cartas públicas, solemnes y formales sobre materias de gran importancia dirigidas a los obispos de todos los continentes. Estas circulares pueden instruir a los católicos sobre temas doctrinales o morales, avivar la devoción de los fieles, condenar errores o informar a los creyentes sobre peligros para la fe. En la primera parte del Siglo XX, el Papa Pio XII estableció que debido a su peso y a la verdad que contienen como Magisterio Ordinario, todo católico debe concederles asentimiento, obediencia y respeto.

En el año 1740, durante el movimiento cultural e intelectual de la ilustración en Europa, el Papa Benedicto XIV escribió la primera encíclica oficial del catolicismo. Fue un documento enfocado al tema pastoral de la Iglesia Católica en el Siglo de las Luces. La Ubi primum llama a los obispos a poner atención en sus deberes como pastores de los católicos, a recordar su obligación de permanecer en sus diócesis y de recorrer hasta el último rincón de su territorio para ser promotores de los sacramentos y de la liturgia entre los sacerdotes y los fieles. Durante el Siglo de la Industrialización, el Papa Pio IX abordó los problemas sociales y políticos que invadieron su época. En su Quanta cura critica la libertad de culto, el liberalismo ideológico y político y la cultura moderna imperante a lo largo de su pontificado. A fines del Siglo XIX, el Papa León XIII redactó una de las encíclicas más revolucionarias de la historia que sentó las bases para una nueva doctrina social cristiana. En 1891, el Sumo Pontífice presentó su carta Rerum novarum como respuesta a la realidad que vivía la clase trabajadora tras la Revolución Industrial. En ella apoyó el derecho de los trabajadores a formar uniones o sindicatos, reafirmó el derecho a la propiedad privada y desarrolló el concepto de una justicia social basada en el respeto a la dignidad de la persona.

Los Papas de la Edad Contemporánea se enfrentaron a una serie de cambios profundos en ámbitos como la economía, la política, la sociedad, la tecnología y la cultura. El Papa Pio X publicó varias encíclicas durante sus once años de papado enmarcadas en este nuevo escenario mundial. La más relevante de ellas fue su Pascendi dominici gregis en donde reprobó la evolución modernista teológica y dogmática que comenzó a brotar en algunos sectores de la Iglesia Católica. La mayoría de los trece documentos que escribió su sucesor durante sus ocho años de papado se concentraron en condenar el conflicto bélico más grande en la historia hasta ese momento. El Papa Benedicto XV pidió que las naciones europeas depusieran sus armas para lograr la paz y la fraternidad en el continente en su Ad beatissimi apostolorum y reclamó por una verdadera armonía de los pueblos fundada sobre los principios cristianos de la justicia en su Quod iam diu. Para sanar las heridas de la Primera Guerra Mundial, el Sumo Pontífice suministró un nuevo impulso a las misiones católicas a través de su encíclica Maximum illud. Su sucesor recorrió una variedad de temas globales y locales durante sus 17 años de papado. En sus 30 encíclicas, el Papa Pío XI abordó el auge del nazismo y del comunismo, la persecución a los católicos en España y en México y el impacto espiritual de figuras históricas del catolicismo como San Agustín, San Francisco de Sales, Santo Tomás de Aquino y San Francisco de Asís.

El Papa Pio XII ostenta un record al publicar más de 40 encíclicas en su pontificado de más de 19 años. Sus documentos afrontaron varios temas seculares como la Segunda Guerra Mundial, la expansión del comunismo, el progreso del materialismo y del ateísmo y el rol de los medios de comunicación en la sociedad; y ámbitos espirituales como la sagrada escritura, el cuerpo místico de Cristo, el Santo Rosario, la Santísima Virgen y el Sagrado Corazón de Jesús. A mediados del Siglo XX, el Papa Juan XXIII presentó ocho documentos durante sus cinco años de papado. Sus dos cartas más importantes son Mater et magistra y Pacem in terris. En la primera estableció que una economía justa no depende de la abundancia y de la distribución de los bienes y servicios sino que del papel de la persona humana como sujeto y objeto de bienestar. En su Pacem in Terris desarrolló cuatro principios esenciales para alcanzar una paz duradera en un mundo gobernado por la Guerra Fría: la verdad como fundamento, la justicia como regla, el amor como motor y la libertad como clima. El “Papa Bueno” enfatizó que estos elementos deben estar presentes no solo en las relaciones entre los seres humanos sino que también entre los estados nacionales con la finalidad de conseguir la tan anhelada paz -social e interior- y el bien común.

El Papa Pablo VI redactó siete encíclicas durante sus 15 años de pontificado. Una de ellas marcó su tiempo en el papado. En 1968 se vivían tiempos de cambio, crítica y rebelión en la sociedad. Ese año el Vicario de Cristo publicó su Humanae vitae que abordó temas como el amor conyugal, la paternidad responsable, el respeto a la naturaleza y a la finalidad del acto matrimonial y los métodos no naturales de regular los nacimientos. El documento alertó también sobre las duras consecuencias para la familia que tenían los nuevos estilos de vida que se proponían en varios ambientes de la sociedad como la infidelidad conyugal, la pérdida de respeto a la mujer y la utilización de los métodos de anticoncepción como políticas de estado. A raíz de estas posturas, vistas como muy conservadoras por varios sectores dentro y fuera de la Iglesia Católica, la Humanae vitae se transformó en una de las encíclicas más cuestionadas de la historia. El historiador y sacerdote de la Pontificia Universidad Gregoriana, Roberto Regoli, asegura que nunca había sucedido en el seno del catolicismo -obispos, teólogos y fieles- una reacción de esa magnitud a un magisterio de la iglesia. El shock de la contestación a su escrito fue tan fuerte para el Papa que no publicó otra encíclica durante el resto de su pontificado.

El Papa Juan Pablo I no publicó encíclicas debido a que su papado fue sólo de un mes en el año 1978. El Papa Juan Pablo II publicó catorce documentos durante sus 26 años de pontificado. En sus circulares el Sumo Pontífice analizó los diversos problemas que enfrentaba el mundo contemporáneo y proporcionó con una profunda visión, sus soluciones centradas en la conversión de las personas. Su sucesor el Papa Emérito Benedicto XVI agrupó su obra en cuatro temas afines: el tríptico trinitario contiene a Redemptor hominis (1979), Dives in misericordia (1980) y Dominum et vivificantem (1986); las encíclicas sociales incluyen a Laborem exercens (1981), Sollicitudo rei socialis (1987) y Centesimus annus (1991); las encíclicas eclesiológicas concentran a Slavorum apostoli (1985), Redemptoris missio (1990), Ut unum sint (1995), Ecclesia de eucharistia (2003) y Redemptoris mater (1987); y las encíclicas antropológicas congregan a Veritatis splendor (1993), Evangelium vitae (1995) y Fides et ratio (1998). El Santo Padre Emérito destacó a su Redemptor Hominis como un punto de partida para todas las demás porque todos los temas de las cartas sucesivas se hallan anticipados en ella: la verdad, la libertad, la fe y el ecumenismo.

El Papa Emérito Benedicto XVI por su parte escribió tres encíclicas durante sus siete años de pontificado. En su primera carta Deus caritas est de 2005 que trata sobre el amor y la caridad eclesiástica en el cristianismo a diferencia de otros pontífices no traza como suele ser la tradición las líneas de su papado. En ella delimita desde un punto de vista filosófico el significado de la palabra amor y su relación con las enseñanzas de Cristo y describe desde un punto de vista más concreto que las actividades caritativas de la Iglesia Católica son una expresión de amor debido a su triple responsabilidad de proclamar la palabra de Dios, celebrar los sacramentos y ejercer el ministerio de la caridad. En su Spe salvi de 2007 el Sumo Pontífice Emérito desde un punto de vista teológico proclama a la esperanza como un vehículo para hacer frente a los males de nuestro tiempo al subrayar que la salvación a través de Jesucristo nos da esperanza para poder enfrentar nuestro presente y que para poder recibir esa esperanza hay que conocer y encontrarse con el Dios verdadero que nos ama incondicionalmente a través de la oración, del actuar, del sufrimiento y del Juicio de Dios.

En su última encíclica Caritas in veritate de 2009 el Papa Emérito Benedicto XVI aplica los temas de sus dos primeros documentos, el amor y la esperanza, a los principales problemas sociales de nuestro tiempo al afirmar que a través del amor a Dios el ser humano es justo, generoso y solidario con los demás. Ese amor que se convierte en caridad conduce al hombre a servir al bien común, a proteger a los miembros más débiles de la sociedad y a centrarse en valores que promuevan realmente el bien de la persona y no la acumulación de bienes materiales. El 11 de febrero de 2013, el Sumo Pontífice alemán rompió con la tradición imperante en los últimos siglos dentro del catolicismo al anunciar su dimisión al papado al no sentirse con las fuerzas necesarias para ejercer de forma adecuada el ministerio petrino. El 13 de marzo de 2013, el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio asumió el liderazgo apostólico y espiritual de la Iglesia Católica. Cuatro meses después de su elección, el Papa Francisco presentó al mundo su primera encíclica llamada Lumen fidei centrada en el tema de la fe que junto a la caridad y a la esperanza, es una de las tres virtudes teologales.

Una encíclica escrita a cuatro manos

El 13 de junio de 2013, el Papa Francisco reveló la novedad de una encíclica «a cuatro manos» durante una audiencia en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico a los miembros del XIII Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de Obispos. Mientras que el Papa Emérito Benedicto XVI inició su redacción antes de renunciar a su pontificado en febrero del año 2013, el Papa Francisco incluyó algunas aportaciones para completar el texto de la primera carta papal en la historia del catolicismo escrita por dos pontífices. Aunque el Papa Emérito Benedicto XVI utilizó un borrador preparado por el Papa Juan Pablo II que estaba archivado para su encíclica Deus caritas est, nunca se habló de un trabajo conjunto o de una redacción «a cuatro manos«. El Papa Francisco reafirma en la introducción de la carta este concepto al enunciar que el Papa Emérito Benedicto XVI «había completado prácticamente una primera redacción de esta carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones«. Este novedoso documento completó la obra del Papa Emérito sobre las virtudes teologales al abordar de lleno el tema de la fe.

La razón de ser de Lumen fidei, es “recuperar el carácter de luz propio capaz de iluminar toda la existencia del hombre, de ayudarlo a distinguir el bien del mal, sobre todo en una época como la moderna, en la que el creer se opone al buscar y la fe es vista como una ilusión, un salto al vacío que impide la libertad del hombre”. El Santo Padre indica que “la fe, de hecho, no es un presupuesto que hay que dar por descontado, sino un don de Dios que debe ser alimentado y fortalecido porque la luz de la fe viene de Dios y es capaz de iluminar toda la existencia del hombre”. El primer capítulo de la carta de los pontífices llamado “Hemos creído en el amor” defiende la palabra de Dios como verdadero sostén de la fe y presenta a Jesucristo como testigo fiable, que da la vida por nosotros, y nos revela a Dios como Padre. Los papas afirman que la fe no es solo conocimiento sino que también “un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse, para poder ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres”. El Papa Francisco termina el capítulo inicial remarcando el carácter eclesial de la Fe, pues sin la Iglesia Católica “la fe pierde su medida, ya no encuentra su equilibrio, el espacio necesario para sostenerse”.

El segundo capítulo llamado “Si no creéis, no comprenderéis” habla sobre la relación entre la fe, la verdad, el amor y la razón. El Sumo Pontífice asegura que así como la fe se funda en el amor, el amor tiene necesidad de la verdad. El Papa Francisco anima a los católicos a huir del relativismo en el que se instala a la verdad en nuestro mundo contemporáneo e identifica la vista y la escucha como órganos de conocimiento de la fe. El Santo Padre finaliza el segundo capítulo destacando que la fe ilumina el camino de todas las personas que buscan a Dios y la importancia de que la teología sirva a la fe, pues sin ella no tiene objeto su existencia. El tercer capítulo llamado “Transmito lo que he recibido” se centra en la importancia de la evangelización y del papel de la Iglesia en esta misión que como madre de todos los católicos enseña a hablar el lenguaje de la fe. El Papa Francisco señala a los sacramentos como el vehículo propio de transmisión de la memoria de la Iglesia Católica. En el texto del documento recuerda que la oración y el camino de los diez mandamientos permiten a los fieles compartir la experiencia espiritual de Cristo y agradecer el amor de Dios.

En el cuarto y último capítulo llamado “Dios prepara una ciudad para ellos” el Santo Padre destaca el sentido social de la fe porque fortalece los lazos entre las personas. El Sumo Pontífice asegura que la fe se pone al servicio del derecho, de la justicia y de la paz y que su luz capta el fundamento último de las relaciones humanas y las pone al servicio del bien común. El Papa Francisco detalla varios ámbitos que son iluminados por la fe como la familia fundada en el matrimonio que fundada sobre cristo promete un amor para siempre; los jóvenes que manifiestan la alegría de la fe, el compromiso de vivir una fe cada vez más sólida y generosa; las relaciones sociales que fundadas en la fe dan un nuevo significado a la fraternidad universal entre los hombres; la naturaleza que la fe anima a respetar y a buscar modelos de desarrollo que no se basen sólo en la utilidad y el provecho; y la muerte y el sufrimiento que al cristiano le pueden dar sentido convirtiéndolo en un acto de amor de Dios para quien acompaña al ser humano en sus dificultades y le da esperanza. La primera encíclica escrita a “a cuatro manos” concluye con un apartado llamado “Bienaventurada la que ha creído” que invita a imitar a la Virgen María como icono perfecto de la fe.

La mirada divina del medio ambiente

Tras la innovación histórica presente en el primer documento papal escrito a cuatro manos, el Papa Francisco presentó al catolicismo su segunda encíclica, esta vez en solitario, sobre el medio ambiente y el desarrollo sostenible del planeta. Los detalles del documento que se filtraron antes de ese 18 de junio de 2015 destacaron el  llamado del Santo Padre a poner en el centro de la discusión económica mundial el tema del calentamiento global. En una demostración más de su búsqueda constante del ecumenismo, el teólogo de la Iglesia Ortodoxa Griega y metropolita de la zona de Pérgamo en el oeste de Turquía, John Zizioulas, presentó el documento en la Santa Sede. El Papa Francisco considera esta obra como una carta social más que una encíclica ecológica. El autor del libro El Papa de la Alegría, Juan Vicente Boo, asegura que Laudato si es un texto teológico, “un tratado de teología de la naturaleza, que aborda problemas contemporáneos muy complejos con la visión positivo, serena y eterna del creador”. El Sumo Pontífice comienza su documento preguntándose qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos suceden, a los niños que están creciendo.

El Santo Padre constata que “esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario, y nos conduce a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y el valor de la vida social: ¿Para qué pasamos por este mundo? ¿Para qué vinimos a esta vida? ¿Para qué trabajamos y luchamos? ¿Para qué nos necesita esta tierra? Si no nos planteamos estas preguntas de fondo no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes”.  El Sumo Pontífice invita a individuos, a las familias, a los colectivos locales y nacionales y a la comunidad internacional a escuchar los gemidos de una tierra maltratada y saqueada que necesita una conversión ecológica, un cambio de ruta, en donde se asuma la urgencia y la hermosura del desafío que se presenta ante el cuidado de la casa común. El papa Francisco reconoce que existe una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza que permite tener esperanza para el futuro. El Vicario de Cristo afirma que “la humanidad tiene aún la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común. El ser humano es todavía capaz de intervenir positivamente. No todo está  perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, pueden también superarse, volver a elegir el bien y regenerarse”.

El primer capítulo llamado «Lo que le está pasando a nuestra casa» asume los descubrimientos científicos más recientes en materia ambiental como una manera de escuchar el clamor de la creación. El Papa Francisco enumera en el texto varios aspectos que son responsables de la actual crisis ecológica como el cambio climático cuyo mayor impacto recae en los más pobres; la cuestión del agua potable en donde plantea que es un derecho humano básico, fundamental y universal poder acceder a ella; la pérdida de la biodiversidad debido a que no solo tiene un valor en sí misma sino que también son recursos explotables en el futuro; y la deuda ecológica que tienen los países desarrollados con los países subdesarrollados. En este sentido, el Sumo Pontífice llama a crear una cultura adecuada unida a un sistema normativo que proteja el medio ambiente en donde exista una disposición a cambiar de estilo de vida, de producción y de consumo. El segundo capítulo llamado «El Evangelio de la creación» afronta los problemas ilustrados en el capítulo anterior ofreciendo una visión general basada en relatos bíblicos que provienen de la tradición judeo-cristiana y articula la tremenda responsabilidad que tiene el ser humano con respecto a la creación, el lazo íntimo que existe entre todas las creaturas y el hecho de que el medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos.

El tercer capítulo llamado «Raíz humana de la crisis ecológica» sostiene que la acción y el actual modo de entender la vida de los seres humanos contradicen la realidad hasta dañarla. El Sumo Pontífice critica la globalización del paradigma tecnocrático y el antropocentrismo moderno que colocan la razón técnica sobre la realidad. El cuarto capítulo llamado «Una ecología integral» propone una ecología integral que incorpore las dimensiones humanas y sociales de la persona, pues los problemas actuales requieren una mirada que tenga en cuenta todos los factores de la crisis mundial. El quinto capítulo llamado «Algunas líneas orientativas y de acción» analiza la situación actual de la humanidad y la degradación ambiental. El Papa Francisco sugiere algunas acciones que pueden contribuir a cambiar el rumbo para salir de la autodestrucción en la que el mundo vive sumergido. El Vicario de Cristo invita a un diálogo entre las distintas esferas de la política internacional, nacional y local, exigiendo transparencia en los procesos de decisión. El último capítulo llamado «Educación y espiritualidad ecológica» reconoce la necesidad de un cambio profundo en la humanidad. El Santo Padre establece que las bases para este cambio son la educación y la implementación de la espiritualidad ecológica en las vidas de las personas.

El autor del libro El Papa de la Alegría, Juan Vicente Boo, relata que tras la publicación del documento “las voces críticas no se hicieron esperar. Hubo voces que tildaron al Sumo Pontífice de ser un peligroso comunista, un pacifista ingenuo, un ecologista radical, hasta fue acusado de traicionar la doctrina de Jesús”. No obstante, el periodista aclara que la Laudato si  -que toma su nombre de las primeras palabras del Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís- impresionó a los líderes de las grandes potencias del mundo porque su efecto fue fulminante en la política a nivel global. El escritor cuenta que “los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y de Francia, François Hollande, fueron los primeros en aplaudir su llamada a la responsabilidad. Se ponía en marcha un mecanismo virtuoso que hacía renacer la esperanza en el éxito de la conferencia de París para recortar las emisiones de gases de efecto invernadero”. El vaticanista español concluye que “la primera encíclica sobre ecología en la historia de la Iglesia Católica ha logrado poner freno a un problema muy amenazador. Su gran contribución al magisterio papal sobre economía aparece en un texto extraordinariamente analítico, científico, ecológico, social y espiritual”.

En el próximo capítulo conoceremos los detalles de las exhortaciones apostólicas del Papa Francisco, documentos que generalmente comunican a los fieles católicos las conclusiones de los Sínodos de Obispos, pero que también pertenecen al Magisterio Ordinario de la Iglesia Católica.