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Home Hablan padres y hermanos de los nuevos diáconos LC

Hablan padres y hermanos de los nuevos diáconos LC

Los padres de Alberto Puertolas, Alexis Gatica y Felipe Rivas se refieren a la vocación de sus hijos, recientemente ordenados diáconos por el Cardenal Ricardo Ezzati, Arzobispo de Santiago.

“Alexis siempre se mostró listo para servir a Dios”

Los padres de Alexis Gatica –Gladys Andrade e Iván Gatica- cuentan emocionados que la decisión de su hijo les ha marcado sus vidas de una forma muy positiva lo que los tiene muy orgullosos.

¿Qué recuerdan del momento en que su hijo entró al Seminario?

Mientras cursaba su enseñanza media en la apostólica, Alexis nos comenta que decidió continuar el noviciado en Sao Paulo, Brasil.  Para nosotros fue un momento difícil, ya que continuaría sus estudios muy lejos de nosotros, su familia, y la comunicación con él sería más difícil. En ese momento, tuvimos que asumir que sólo nos quedaba apoyarlo y rezar mucho por él y por nosotros.

¿Cómo fue la niñez de Alexis en relación a su vida de fe?

Alexis  siempre participó en las actividades que se impartían en su colegio y en la capilla de nuestro barrio. Los domingos se levantaba temprano para ir a misa, incluso antes que nosotros. Siempre se mostró listo y dispuesto para servir a Dios.

¿Qué significa para ustedes tener un hijo consagrado a Dios?

El hecho de que nuestro Señor lo haya elegido para ejercitar en su nombre, continuar su misión de sacerdote y pastor de nuestra iglesia ha sido un regalo que no pensábamos merecer. Ha marcado nuestras vidas de una forma muy positiva y estamos muy orgullosos de ello.

¿Qué le desean y que esperan de él?

Le deseamos de todo corazón que nunca pierda su carisma ejemplar, ni la alegría que lo destaca. Esperamos que sea feliz siendo un fiel servidor al amor de nuestro señor.

Julio y Griselda Puertolas:

“Alberto es realmente muy feliz”

El camino de Alberto hasta llegar al Diaconado –explican sus padres Julio y Griselda- no ha seguido el que podríamos llamar “tradicional” en los Legionarios de Cristo, ya que primero fue laico consagrado y luego decidió seguir por la vocación sacerdotal.

¿Qué recuerdan del momento en que su hijo entró al Seminario?

El miércoles de ceniza del año 1992, cuando tenía 22 años, en la hora del almuerzo nos dijo, con la misma naturalidad que si nos hubiera comunicado que se iba de excursión, que “quería ir al Seminario”.  Nuestra primera reacción fue de gran sorpresa.  Luego vinieron las consiguientes lágrimas de la mamá y la muy pronta aceptación por parte del papá, que entendió enseguida que si Dios llama a un hijo es porque siempre quiere lo mejor para cada uno de nosotros, y naturalmente, también para Alberto.

¿Mostró Alberto de pequeño alguna señal de su vocación?

La verdad es que no notamos nada en Alberto que nos pudiera hacer pensar en ello.  Era un niño, y después adolescente, alegre, hablador, pero su comportamiento no era diferente en nada al resto de sus amigos.

¿Qué significa para ustedes tener un hijo consagrado a Dios?

Al principio la mamá estaba como dividida;  no podía dejar de pensar en que lo perdía un poco, porque lo vería muchísimo menos….  El papá se dio cuenta enseguida que es una suerte y un premio  para nosotros y para Alberto el hecho de que Dios le pida que deje todo para dedicarle a El su vida.

Ahora los dos estamos muy contentos y convencidos de que cuando se acepta lo que Dios espera de nosotros, se va produciendo en nuestro interior una felicidad que supera en mucho la pena que, en este caso, como padres, pudimos sentir en un primer momento.

¿Qué esperan del futuro de Alberto?

Todos los padres deseamos lo mejor para nuestros hijos.  Nosotros estamos muy contentos porque estamos convencidos de que Alberto es realmente muy feliz, y que el hecho de haber escogido el camino de seguir a Cristo hace que su vida esté llena de amor, a Dios y a los demás, que es lo que da la verdadera felicidad. Le pedimos a Dios que sea  fiel a su vocación, que sea un buen sacerdote, y que su comportamiento sea siempre luz y ejemplo para los demás.

Hans Rivas, hermano de Felipe Rivas:

 “Nunca vi alguna señal que me hiciera sospechar del camino que tomaría su vida”

Hans Rivas, hermano mayor de Felipe cuenta cómo vivió la familia la vocación de Felipe y que a pesar que la decisión le producía mucha pena porque separaría sus rumbos, lo consolaba la cara de felicidad de su  hermano.

¿Cuál fue tu reacción cuando Felipe les avisó su decisión?

Recuerdo la sensación de despojo que me quedó al momento de su ingreso al seminario a los 14 años. Verlo dejar la casa fue para mí muy triste pero me  consolaba ver su cara de cándida felicidad que gozaba con la experiencia de tomar el misterioso camino de servir a Dios.

¿Crees que su entorno familiar colaboró en su decisión?

No creo que nuestra formación familiar haya sido un factor fundamental en la formación de su vocación porque nunca vi realmente en él  señal alguna que me hiciera sospechar del camino que tomaría su vida. Misteriosos son los caminos que se deben recorrer si se quiere seguir a Cristo.

¿Qué significado tiene para ti la ordenación de Felipe?

Que mi hermano esté consagrado a Dios para mi es el mejor ejemplo de que cuando Él llama a las puertas de tu corazón y uno acepta no es para entregarse parcialmente. Es un llamado exigente que me enorgullece y que requiere realizar muchos sacrificios. Mi hermano sabe que recibe el mejor de los salarios que podría recibir.

¿Cuál es tu anhelo para Felipe de ahora en adelante?

Le deseo que siga esforzándose por seguir el ejemplo de Cristo; que siga siendo luz que guíe el camino de los que transitan en las tinieblas del desconsuelo y la ignorancia. El amor y la paz que transmite su vocación a través de su sonrisa -que para mí sigue siendo la del niño que conocí-, tiene una fuerza que es difícil de describir. Es la sonrisa de un hombre bueno.

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