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Iglesia Chilena Celebra Congreso Eucarístico Nacional este 2018

Como lo anunciara el año pasado el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Santiago Silva, desde marzo a noviembre de este año -y como fruto de la visita del Papa Francisco a nuestro país-, la Iglesia chilena celebrará un Congreso Eucarístico Nacional, el cual no se convocaba desde 1980. En conferencia de prensa, monseñor Silva dio a conocer el lema de esta fiesta tomado de la frase de san Alberto Hurtado citada por el Papa en Maipú “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.

Este año la Iglesia que peregrina en Chile lo dedicará a contemplar a Jesucristo, que en la Eucaristía entrega su vida por amor al Padre y a cada uno de nosotros. La Eucaristía es la fuente de la comunión con Cristo, pan de vida, que transforma la vida e impulsa a salir al encuentro de los demás. Así lo anunció monseñor Santiago Silva, Presidente de la Conferencia Episcopal quien explicó que desde marzo a noviembre de este año -y como fruto de la visita del Papa Francisco a nuestro país-, la Iglesia chilena celebrará un Congreso Eucarístico Nacional, el cual no se convocaba desde 1980.

En conferencia de prensa, monseñor Silva dio a conocer el lema de esta fiesta tomado de la frase de san Alberto Hurtado citada por el Papa en Maipú “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”. Durante este año queremos profundizar en los aspectos centrales de la Eucaristía, renovar y embellecer nuestras celebraciones y descubrir la íntima relación que hay entre Eucaristía y vida cristiana. Como decía San Alberto Hurtado, queremos descubrir que la vida cristiana consiste en hacer de nuestra existencia una Eucaristía que se celebra en comunidad y se vive en la solidaridad, la fraternidad y en el compromiso por la transformación de nuestro país en hogar para todos.

El lema: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?, está inspirado -según explica el comunicado de la Cech- “en la vivencia de San Alberto Hurtado en relación a la Eucaristía, que recuerda que cuando nos disponemos para entrar profundamente en el Misterio de la Eucaristía el Señor nos configura con Él y nos envía a continuar su misión en el mundo«. La frase, escrita con los colores de la bandera chilena, nos invita a centrar la mirada en Cristo. Se trata de disponernos durante este año para encontrarnos con Él en forma personal y comunitaria para conocerlo, amarlo y servirlo, para hacer nuestros sus sentimientos (Flp 2,5) y convertirnos en otros “Cristos” para la Iglesia y para nuestro país, dejándonos traspasar de tal manera que lleguemos a experimentar las palabras del Apóstol Pablo, «Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mi» (Ga 2, 20).

La pregunta recoge la íntima relación entre Eucaristía y vida. ¿Qué haría Cristo frente a las personas que sufren injusticias, pobreza y marginación? ¿Qué haría Cristo frente las familias que llevan sobre sí agobios, cansancios, quiebres? ¿Qué haría Cristo frente a la soledad de los abuelos, la incertidumbre de los migrantes? En fin ¿Qué haría Cristo en las situaciones que nos toca vivir cotidianamente? Sin duda se trata de una pregunta que nos interpela a todos.

La respuesta la encontramos en la Eucaristía en donde hacemos memoria de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. ¿Qué hace Cristo? Se conmueve ante las personas que sufren, pone su vida al servicio de ellas, los sana, los perdona y le comunica su vida plena. En esto consiste la vida cristiana, en hacer lo que hace Cristo. En definitiva se trata de ser coherentes con lo que vivimos en cada Eucaristía, nos ofrecemos con Cristo al Padre y nos disponemos para entregar la vida para comprometernos a trabajar por la paz, la justicia y la reconciliación.

Esta frase, que el Santo Padre Francisco pronunciara en el encuentro con los jóvenes en el Santuario de Maipú, determina dos etapas fundamentales que traspasan este Congreso Eucarístico Nacional 2018: el encuentro con Cristo e igualmente la transformación de la vida y sociedad. Cristo está en mi lugar en la Eucaristía, pues en ella él nos comunica su propia vida y mente hasta el punto indicado por San Pablo: «Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mi lugar».

Por otra parte, el logo contiene los siguientes signos:

1. La Cruz de Cristo: Signo del acontecimiento que celebramos en cada Eucaristía: Jesús entregó su vida por amor al Padre y a todos nosotros: “No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. La cruz es amarilla porque anuncia el gozo y alegría de la resurrección.

2. La cruz abraza el mapa de nuestro país: representa a nuestra tierra chilena, las montañas, el desierto, los valles y el mar; y a cada una de las personas que habitamos en ella: los niños, los jóvenes, los adultos y los abuelos, la familia en su totalidad, los sacerdotes y consagrados, los creyentes y no creyentes, a todos los chilenos que llevan sobre sus espaldas, agobios, cansancios, sufrimientos y dolores que necesitan del bálsamo del amor de Cristo que sana y perdona.

3. Los brazos de Cristo que desde la cruz se levantan para darnos nueva vida, esperanza, consuelo y paz.

4. Las manos de Cristo resucitado que toma el pan, lo bendice, lo parte y lo ofrece para saciar el hambre de paz, justicia y reconciliación que todos tenemos y el anhelo de hacer de Chile un hogar para todos.

5. Las llagas de Cristo que nos recuerdan que el resucitado también sufrió y nos acompaña en nuestro dolor, Él es el pan de vida que nos invita a hacernos pan para los demás.

6. La frase del lema: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?

7. El conjunto de la imagen expresa lo que hace Cristo por nosotros: nos da su vida para que todos podamos tenerla, y es lo que nos invita a hacer por nuestro prójimo. De este modo la imagen se transforma en una respuesta concreta a la pregunta del lema: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.

Fuente: www.iglesiadesantiago.cl