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Testimonio de dos mujeres inolvidables para el RC Chile: Maleny Medina y Fidelma Grealy

Con motivo de la celebración del aniversario número 30 del colegio Cumbres tuvimos la alegría de recibir por unos días en nuestro país a las queridas e inolvidables consagradas Maleny Medina y Fidelma Grealy, quienes fueron motor fundamental del crecimiento del Regnum Christi en Chile en la emblemática sede de Suecia 1428. No te pierdas sus testimonios de lo que significaron esos años y de las huellas que dejaron en su alma.

 

Maleny Medina: “Para mí ha sido una etapa de asombro permanente, de admiración ante la acción de Dios a través de nosotros”.

Nuestra querida e inolvidable Maleny fue la fundadora de la primera comunidad de consagradas del RC en nuestro país y de la sección de señoritas en la recordada sede de calle Suecia, desde donde forjó a un grupo de jóvenes con un sólido amor a Cristo y un fuerte sentido apostólico quienes nunca olvidarán sus sabios consejos, alegría y entrega al servicio de los demás. Maleny también se transformó en 1986 en la primera directora del colegio Cumbres en Chile. Nacida en España, ella partió de nuestro país en el año 1992 sin antes dejar un histórico legado al ser una de las personas que impulsó el crecimiento del Cumbres en sus primeras sedes en Manquehue, San Crecente y Colón y que inauguró sede definitiva en San Carlos de Apoquindo en el año 1991. Hoy se desempeña como Coordinadora de las Mentorías, de la Asignatura Transversal “Habilidades y Competencias de la Persona” y de un Máster en Acompañamiento Educativo en la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid. Además es directora de la sección de jóvenes de la misma institución universitaria. Maleny nos relata el recuerdo de sus inolvidables años en nuestro país:

“Mi recuerdo de Santiago de Chile es un recuerdo de un sueño hecho realidad. De un gran proyecto de trabajo con jóvenes y de educación a familias y a niños. Y de la fundación de una primera comunidad de consagradas del Regnum Christi. Todo esto bajo la perspectiva de una joven llena de amor a Cristo, de amor a las personas, de amor a la misión y a su vocación. Junto a mi fueron a Chile otras jóvenes con las mismas características, segadas por la luz de la compañía de Dios, muy conscientes de nuestra pequeñez y de nuestra debilidad, y al mismo tiempo, asombradas y asombrándonos día a día de lo que Dios hacía a través de nosotros y de cómo las personas iban respondiendo y reaccionando a lo que íbamos presentando. Lo que presentábamos no era otra cosa más que un movimiento que tenía la ilusión, el deseo y la conciencia de acompañar a otros (niños, adolescentes y familias) en su camino hacia Cristo y hacia el cielo a través de una vida cristiana, de un sentido de apóstoles y de una conciencia social. Para mí ha sido una etapa de asombro permanente, de admiración ante la acción de Dios a través de nosotros y ante la acción de Dios a través de todos los demás que han continuado esta cadena. Puedo decir que después de estos 30 años confirmo que la pequeña colaboración que podemos dar cada uno de nosotros, aunque no siempre lo veamos, es el aporte que hace que un gran edificio en la Iglesia, en el movimiento, en el colegio, en una familia o en una persona haga algo sólido, monolítico, gracias a muchas cadenas o eslabones. Agradezco infinitamente a Dios su paso por mí vida y su paso por esta tierra a través de mí pequeña vida”.

 

Fidelma Grealy

“Las jóvenes buscaban en el movimiento un apoyo, un sostén y un sentido de comunidad y de familia para ayudar a que su sociedad fuera realmente mejor”.

Fidelma Grealy fue una de las consagradas pioneras del movimiento Regnum Christi en Chile. Nacida en Irlanda realizó su labor apostólica desde 1986 hasta 1994 en los centros educativos y en la sección de señoritas de la calle Suecia. Aunque ya han pasado 26 años desde que abandonó nuestro país, aún recuerda con mucha alegría a las personas y a la tierra que la recibieron con mucho cariño durante tantos años de su vida. Hoy se desempeña como directora adjunta del colegio Highlands El Encinar en Madrid y se encuentra cursando un Máster en Matrimonio y Familia en el Instituto Juan Pablo II. Con gran cariño Fidelma en su paso por Chile nos entrega el testimonio de su enriquecedora e inolvidable experiencia en nuestro país.

“Yo recuerdo haber llegado a Chile un 19 de febrero de 1986. Al bajar del avión e irnos en taxi a la casa no entendí nada de lo que habló el taxista. No entendía ni las palabras que usaba, ni el acento con que se expresaba. Pero poco a poco me fui acostumbrando a esa forma de hablar y a esa forma de ser tan espontáneo y hospitalario del chileno. Me impresionó mucho desde el primer momento la acogida, el cariño y el calor humano de la gente. Me dio la impresión de era un pueblo con muchas ganas de enseñar a los extranjeros todos los valores que consideraban importantes y que protegían en su país como el valor de la familia, de la naturaleza, del campo y de lo sano. Los valores humanos y espirituales como la honestidad y el trabajo. El esfuerzo de mantener tradiciones culturales importantes como sus bailes y canciones o estilos y formas de ser que son tan propias de Chile. Para el chileno fue, y creo que es hasta el día de hoy, importante sentir que esos valores son relevantes para ellos y quieren que las personas de otros países los vean, los distingan y los valoren tanto como ellos. Me encontré con un pueblo muy alegre y honesto que quiere ser fiel a lo suyo, que le gusta su país y que le gusta su patria. En cierto sentido me identifiqué con muchas de estas cosas por ser oriunda de una isla. Irlanda es muy parecida a Chile. Nos gusta lo propio, nuestra forma de vivir que incluye la música, el campo y la familia. Esa mentalidad era bastante familiar porque el desierto, el mar, el Polo Sur y la montaña hacen que Chile sea un país aislado del resto del mundo, una especie de isla, al igual que Irlanda. Quizás hoy hay mucho más materialismo o influencia de otros países, pero el verdadero chileno no quiere perder esas raíces propias.

Pasé ocho años muy felices en Chile creando muchas amistades y sintiéndome en casa con las niñas en la sección. En la calle Suecia, después del trabajo en el colegio, realizaba dirección espiritual para niñas del ECYD y, a medida que pasó el tiempo, para miembros de Reino. Las niñas siempre fueron muy abiertas con nosotras porque buscaban ayuda y orientación para sus vidas. Eran muy sinceras y muy espirituales. La convivencia junto a mis compañeras era maravillosa.  Desde las comidas hasta las meriendas en la casa en donde nunca faltaba la buena música acompañada de una guitarra. A volver a Chile he corroborado la cantidad de personas que nos han entregado muchísimo cariño al vernos de nuevo, como si los años no hubieran pasado. Ese cariño confirma que esas amistades fueron relaciones tejidas muy cercanamente, con grandes personas que buscaban en el movimiento un apoyo, un sostén y un sentido de comunidad y de familia para ayudar a que su sociedad fuera realmente mejor. Estas personas reconocieron una serie de valores comunes con el Regnum Christi e identificaron en el movimiento una comunidad en donde podían plasmar esos valores de una manera espiritual”.